1.
El iracundo (que algunos autores prefieren llamar
"perfeccionista", "reformador", o "emprendedor",
según el énfasis puesto en uno u otro aspecto
de la personalidad, mientras que otros se limitan a llamarle
"patrón uno" de comportamiento) parte de
un cierto nivel de resentimiento, pero no suele ser una persona
violenta, sino perfeccionista y obsesiva, apegada a las reglas
y a cómo debería ser el mundo. La inflexibilidad
es uno de sus rasgos. Su ira contenida hace que, paradójicamente,
suela mostrarse como persona educada y, a veces, flemática.
2.
El orgulloso ("ayudador", "altruista",
"colaborador", "auxiliador", o "patrón
dos"), no es el tipo de personas que conocemos como orgullosas,
sino altamente emocional, seductor e inmerso en un mundo de
falsa abundancia que se manifiesta en un exceso de dadivosidad
y adulación, tal vez de excesivo amor superficial,
a la espera de reciprocidad, casi nunca pedida. Suele querer
ser centro de atención, por lo que, a veces, resulta
algo histriónico.
3.
El vanidoso ("motivador", "ejecutor",
"luchador", "triunfador", "mantenedor
del status", "productor", "ejecutante"
o "patrón tres") no tiene por qué
ser una persona atildada, sino fundamentalmente pendiente
de la mirada ajena para recibir aprobación y conformar
de este modo una identidad. Suele adaptarse como el camaleón,
siempre sensible al cambio del viento y a los colores del
entorno. Su meta podría ser estar de moda o triunfar
en cualquier medio social.
4.
El envidioso, ("artista", "romántico",
"individualista", o "patrón cuatro")
basado en la melancolía y en la insatisfacción
permanente, sufre para evitar la recriminación, la
competencia y la responsabilidad. Suele encontrarse a gusto
en el papel de víctima. Por su extremada sensibilidad
es capaz de captar el sufrimiento ajeno, solidarizarse incluso
con él y, por ello considerarse a veces superior en
su fuero interno, pues sabe que los demás no pueden
alcanzar tan fácilmente su profundidad de sentimientos.
5.
El avaro ("pensador", "observador",
"investigador" o "patrón cinco")
parte de un falso desapego, que limita la expresión
de sus emociones al mínimo, así como sus relaciones
sociales. Suele ser indiferente a la crítica y a la
alabanza ajenas, ya que le cuesta tanto dar como recibir.
Su aspecto exterior es distante y frío. En el fondo
busca el conocimiento a través de la observación
y el análisis, pues se encuentra más a gusto
en el mundo mental que en el universo de los sentimientos
o en el plano de la acción.
6.
El miedoso ("leal", "abogado del
diablo", "soldado", "héroe",
"escéptico", "solucionador" o "patrón
seis") le gusta controlar su entorno, anticipar todos
los problemas, tener las soluciones de antemano, para no verse
sorprendido. Basado en una cierta cobardía y desconfianza
ante el mundo, algunas veces se convierte en un "valiente
compulsivo" que huye hacia delante como actitud contrafóbica
frente a lo que teme. Inseguro y desconfiado puede convertirse
en un racionalista que duda de su propia duda. Suele poseer
un fino olfato para detectar la falsedad, el engaño
y la mentira.
7.
El goloso ("generalista", "epicúreo",
"optimista", "visionario", "aventurero"
o "patrón siete"), que tiene como base la
planificación y la autoindulgencia, no lo es principalmente
de comida, sino de experiencias, de amistades y de conocimientos.
Huye fundamentalmente del dolor, por lo que suele intentar
ser positivo y tener solución para todo. Optimista
por naturaleza suele encontrar el lado ventajoso de cualquier
situación, perdiéndose así la riqueza
del lado oscuro de la luna.
8.
El lujurioso, ("jefe", "desafiador",
"protector", "cabecilla", "asertivo"
o "patrón ocho"), basado en la venganza y el
castigo, parece el más antisocial de todos los caracteres;
suele caracterizarse por su impetuosidad arrogante y su ausencia
aparente de sentimiento de culpa. Para él, la vida no
tiene sentido sin intensidad. Se encuentra mejor en la acción
que en la reflexión y puede llegar a ser un excelente
líder al que los que le rodean seguirán por su
arrojo.
9.
El indolente o perezoso ("pacificador",
"mediador", "amante" o "patrón
nueve") no es forzosamente una persona inactiva, sino que
antepone las necesidades de los demás a las propias,
ya que se ha acostumbrado a "olvidarse de sí"
en una especie de insensibilización a su propio dolor.
Sobreadaptado y complaciente, se le reconoce por su servicialidad
compulsiva. Son excelente mediadores, pues soportan con dificultad
el conflicto y la confrontación.
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